Cuando Rodolfo ¿on tabas?
José Inés Figueroa | CD. VICTORIA | Publicado el 29 de junio, 2026
Hay hechos memorables de la historia contemporánea que nos dejan marcados y recordaremos por siempre, como individuos y como sociedad.
Cuando el 9-11, me dirigía al trabajo en mi vehículo, escuchando la radio y ahí pasó la noticia, en vivo.
Dí la vuelta en “U”, me regresé a la casa y no me despegue de la televisión en esa historia prolongada por el segundo ataque y las labores de rescate transmitidas en vivo y en directo por todos los medios.
Cuando el asesinato de LUIS DONALDO COLOSIO, estábamos en una fiesta de periodistas y ahí fuimos enterados; la algarbía mezcalera se suplió por el debate y la conjetura; alguien abandonó el lugar sintiendo que podría ser víctima de la misma conjura.
El día que mataron a RODOLFO TORRE CANTÚ, estaba convocada una conferencia de prensa en el edificio de enfrente de la sede estatal del PRI; yo había llegado temprano y estaba conversando con el titular de prensa, cuando fue informado y confirmado del ataque y ejecución.
Salí “volando” al lugar del crimen; la carretera frente al “cuerudo” estaba cerrada con cintas, me brinqué el camellón y llegué hasta unos metros, donde policías y soldados impedían acercarse más, pero se tenía visión plena del lugar; aun estaban tirados los cuerpos, medio cubiertos con sábanas.
Entonces escribí con sorpresa que ninguno de los “agentes del orden” estaban entrevistando a los testigos cercanos de los hechos, en una concretera y una caseta de acceso al Parque Tecno-Tam del Gobierno, a menos de 50 metros de distancia.
De regreso, ya Victoria y Tamaulipas eran otros; una bruma que no menguaba el quemante sol veraniego acentuaba el pesar por la caída de gente tan reconocida como buena y solidaria; luego de eso, los delincuentes se apoderaron de las calles y las plazas, de las carreteras y no había puerta que se les resistiera.
No había justificación creíble para tan doloroso crimen y la complicidad institucional se convirtió en sumisión, desapareciendo las instituciones por prolongado tiempo.
Ni la selección del hermano EGIDIO como candidato y gobernador sustituto fue garantía para que el crimen múltiple se esclareciera y se castigara a los culpables.
Pasó como cuando nombraron Fiscal Especial a MARIO RUIZ MASSIEU para investigar el crimen de su hermano FRANCISCO; declaró “los demonios sueltos”, cogió su maletín de billetes y se fue queriendo, sin poder, disfrutar de ellos.
Es una herida que, 16 años después, cumplidos ayer, permanece abierta como un testimonio de impunidad y ventaja, de lo torcido, lo delincuencial, lo abrupto, por sobre lo derecho, lo justo, lo honesto.
¿Quién mató a RODOLFO y por qué? Es una pregunta sobre la que las sospechas abundan, pero las autoridades no han podido o no han querido esclarecer.
De los expedientes, por ejemplo, se borró el hallazgo de un cuerpo inerme afuera de lo que eran las oficinas de campaña de RODOLFO sobre el bulevar Tamaulipas -donde luego se instaló una empresa comercializadora del servicio de internet en las inmediaciones de la Gasolinera Arce-, que fue abandonado en una camioneta, de donde salió personal ataviado con los uniformes de la Marina armada de México.
GENARO GARCÍA LUNA fue detenido, procesado y sentenciado en los Estados Unidos por nexos con grupos delincuenciales, pero nadie le preguntó por el crimen de RODOLFO, cometido mientras él era Secretario de Seguridad del país, al tiempo que su amigo, de similar perfil delincuencial, FRANCISCO GARCÍA CABEZA DE VACA, titulaba el CORETT en el gobierno de FELIPE CALDERÓN.
Desde mediados del sexenio que debió gobernar RODOLFO, CABEZA mantuvo atosigado a EGIDO y hasta le sacó financiamiento para su campaña y contratos para prestanombres, de obras simuladas.
Al exgobernador TOMÁS YARRINGTON, las autoridades norteamericanas no pudieron fincarle las responsabilidades de los delitos por los que lo mandaron detener y extraditar de Italia, pero ninguna autoridad aclaró jamás la cartulina aquella donde el grupo delincuencial de Nuevo Laredo aseguraba matar al hermano de un testigo protegido, porque no le cumplieron los acuerdos por matar a RODOLFO.
¿Y el arma usada en el crimen perteneciente a un policía de Reynosa?
Datos sueltos.
Todos de escánado.
Pero ninguno concluyente.
¿Algún día se sabrá la verdad y los culpables pagarán por el magnicidio?
Seguiremos esperando.
La tranquilidad social va en ello.