La dimensión del miedo
José Inés Figueroa | CD. VICTORIA | Publicado el 17 de junio, 2026
Nada nuevo bajo el sol, en apariencia.
Cada tres años, el grueso de los integrantes de las legislaturas actuantes, sin importar filias ni fobias, se sienten con el derecho y/o la oportunidad de trascender como candidatos al proceso siguiente.
Hacedores de leyes, la legislación vigente se muestra generosa para tal eventualidad y la explotan, hasta donde les da el intelecto, las relaciones y la fuerza de movilización, sus capitales, pues.
Las intenciones chocan, acaso, cuando se pierde piso, cuando los horizontes se estrechan y la desesperación les lleva a cometer excesos tratando de recuperar lo que ya se les escurrió entre las manos.
Luego es la ignorancia, descansando en falsos profetas y mercaderes de espejitos, a quienes obedecen sin medir las consecuencias de los improperios depositados en sus bocas y en sus manos.
La frase retomada durante La Mañanera Legislativa de ayer, por el diputado Presidente HUMBERTO PRIETO HERRERA del gobernador AMÉRICO VILLARREAL -“la verdad no se construye con mentiras”- encierra una definición política de fondo.
Cuando faltan argumentos, abundan los rumores y en esta época de redes sociales, eso es sinónimo ya no de verdades a medias, sino de mentiras completas.
Las declaraciones del Presidente de la Junta de Gobierno del Congreso del Estado, reflejan una realidad que se ha vuelto frecuente en la vida pública contemporánea: la disputa entre los hechos verificables y las narrativas falsas, construidas desde el anonimato.
No es precisamente un fenómeno nuevo pero sí en franco crecimiento.
Las redes sociales multiplicaron la velocidad de la información, pero también la capacidad de difundir versiones sin sustento, especulaciones y campañas de desgaste, pocas veces acompañadas de pruebas, que persiguen regularmente un fin perverso.
La respuesta del líder legislativo, apunta precisamente a ese terreno. Frente a los señalamientos sobre supuestas divisiones internas en la composición de la LXVI Legislatura, en otras denostaciones de temporada, la apuesta es sencilla: contrastar los dichos con Los Hechos y los resultados que, ciertamente, son medibles.
La productividad legislativa del Congreso tamaulipeco, por ejemplo, ha sido reconocida en evaluaciones nacionales por instituciones públicas y privadas de prestigio.
El dato referido por el INEGI, sobre la posición alcanzada entre los congresos estatales del país no es producto de una percepción política, sino de indicadores objetivos que evalúan iniciativas, dictámenes, trabajo en comisiones y actividad parlamentaria.
En estos menesteres, los números suelen ser más resistentes que los rumores.
Toda organización humana enfrenta diferencias internas.
Pretender que un grupo parlamentario integrado por decenas de personas piense exactamente igual en todos los temas, sería desconocer más que la naturaleza misma de la política, la condición humana.
La diferencia radica en la capacidad de procesar esas divergencias mediante el diálogo y los acuerdos, que para el caso se miden en leyes y decretos que pasan por las votaciones plenarias.
La gobernabilidad no consiste en la ausencia de discrepancias, sino en la capacidad de construir consensos a pesar de ellas y que estas en efecto representen beneficios y protección de los derechos e intereses del colectivo ciudadano.
Por ello, cuando desde el Congreso se afirma que existe cohesión en torno a una agenda legislativa común, el verdadero parámetro para medirlo no son las versiones externas, sino el comportamiento institucional cotidiano.
Las votaciones, los acuerdos parlamentarios y la productividad terminan siendo la prueba más sólida de los puntos de encuentro a los que han estado llegando los diputados en esta camada liderada por PRIETO HERRERA.
También resulta significativo el señalamiento sobre los tiempos políticos, a la hora de hacer cuentas sobre las olas de embates mediáticos torcidos, con la pretendida intención de alterar el status quo.
Cuando algunos sectores parecen concentrados en la sucesión permanente de los espacios de elección popular, desde distintas trincheras del servicio público comienza a insistirse en una idea elemental:
Aún hay responsabilidades de gobierno y representación por atender.
Esa fue la advertencia y la excitativa del diputado presidente, para transitar más rápido, más fuerte y más amplio, en la consecución de los objetivos asociados a las aspiraciones más sentidas del pueblo.
Lo demás, es lo de menos.